Las relaciones transcendentes de amor universal e incondicional que inspiran el Tantra se fundamentan en la visión e intención básicas. Al contrario de lo que se suele pensar no hay una búsqueda del placer y del disfrute personal en la experiencia tántrica.
La intención básica implica la renuncia y el desapego, ya que consiste en evitar nuestra estimación propia que desea nuestra felicidad en todo momento pero no le importa la de los demás. La estimación propia se funda en una intención egoísta que cultivamos día y noche, incluso cuando dormimos, vida tras vida.
La intención básica consiste en considerar la felicidad de todos y cada uno de los demás seres sintientes.
Cómo dice el lama Geshe Kelsang Gyatso, "En comparación con los demás, nuestros problemas y sufrimientos son insignificantes porque ellos son innumerables, mientras nosotros somos solo una persona. la felicidad y la libertad de innumerables seres sintientes son más importantes que las de una sola persona: nosotros. Por lo tanto, no es apropiado preocuparnos solo de nuestra propia liberación, sino que debemos generar la visión suprema que estima a todos los seres sintientes, y mantenerla día y noche sin permitir que se nos olvide"
La experiencia del amor en el Tantra es un amor que surge de la renuncia, del respeto, y del amor incondicional sin apego. El amor contaminado de estimación propia es egoísta, porque busca la satisfacción del propio deseo y obedece a la ilusión de una concepción errónea de uno mismo como ser separado e independiente del resto del universo y de los demás seres sintientes. Este concepto equivocado de uno mismo y fundado en el propio deseo ocasiona, a su vez, la ilusión de "lo mío".
Las relaciones sentimentales tal como las conocemos están contaminadas de esta concepción equivocada de nosotr@s mism@s y no lleva a proyectar nuestros deseos en los objetos de deseo que son los otros seres.
Una relación sentimental de pareja unipersonal no es ni buena ni mala desde el punto de vista del Tantra. Dependerá de si la intención básica de los seres inmersos en dicha relación es de género altruista, incondicional y universal. Sí esa relación busca la satisfacción de su propio deseo sin importarle la felicidad y la libertad de todos los demás seres sintientes no está considerando a los demás y, por tanto, no está cultivando la intención básica que ama por encima de todo a todos los seres sintientes, sino que cultiva una intención egoísta de estimación propia causada por un concepto equivocado de uno mismo que designa a la propia persona como ser separado y a los demás seres como objetos susceptibles de pertenencia de dicha persona.
Del mismo modo, una relación sentimental comunitaria que trasciende la pareja e implica un grupo de personas no es ni buena ni mala desde el punto de vista del Tantra, dependerá de la intención básica. Si cada uno de los seres inmersos en dicha relación considera la felicidad y la libertad de todos y cada uno de los seres sintientes, no sólo los inmersos en dicha relación, sino también la de todos los que han existido, existen y existirán, en cualquiera de las esferas de la existencia, entonces la intención básica subyace en dicha relación y se está recorriendo el camino del Tantra, en la medida en que ese amor ilumina a todos lo seres sintientes sin distinción.
Por esto el amor desde el punto de vista Tántrico es inclusivo y nunca excluyente. Es un amor basado en la compasión universal, la renuncia y el respeto que no quiere nada para uno que no pueda ser, a la vez, compartido y entregado sin reservas a las demás personas que nos rodean.
Las relaciones sentimentales unipersonales son tradicionalmente excluyentes, ya que no conciben el amor fuera de la relación. Pero no necesariamente la concentración amorosa tiene por qué estar carente de una intención básica del amor que considera a todos los seres.
Cuando el amor que expresamos a una persona encarna el amor que sentimos por todos los seres, la intención básica está presente.
Del mismo modo, el amor pluripersonal, no necesariamente excluye el amor unipersonal. El amor consciente más allá de la relacion de pareja unipersonal está basado en la renuncia y el deseo de que los demás seres puedan alcanzar la felicidad y, concretamente, el ser amado unipersonal que lleva consigo nuestro amor cuando lo expande por el mundo, para investir con él a otros seres, también nos está honrando. Por lo tanto es inclusivo y a la vez exclusivo. Sin dejar de ser unipersonal, la intención básica hace que se transforme y se convierta en pluripersonal, conservando su esencia.
Este clásico antagonismo entre la concentración amorosa y la dispersión amorosa se resuelve de este modo en el Tantra. Donde todo lo que podemos desear para hacer feliz a los demás seres tiene cabida. Las formas en que se exprese el amor no tienen importancia solo importa la motivación que subyace, es decir, la intención básica que estima a todos lo seres.
En el budismo tántrico de la tradición Vajrayana, se medita sobre la imagen de Buda Heruka y su consorte Vajravarahi que representan la unión del gran gozo y la vacuidad, es decir, el Mahamudra del Tantra.
La meditación implica la visualización de nuestra energía masculina y femenina en perfecta unión más allá de las formas ilusorias. Nos visualizamos como deidades omniscientes y transcendentes que, en el amor, irradian luz hacia todos los seres sintientes.
Nos visualizamos como Buda Vajravarahi con su consorte Heruka o como Buda Heruka con su consorte Vajravarahi indistintamente con sus atributos femeninos y masculinos. Sintiéndonos la propia deidad con sus atributos puros. La forma masculina y la forma femenina se disuelven la una en la otra y desaparecen como tales. Luego toda forma se disuelve y desaparece en la vacuidad con un destello de luz que finalmente se apaga.
En este instante deseamos de corazón que todos los seres puedan alcanzar la iluminación.
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